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Juan Goytisolo, el nuevo Premio Cervantes

LETRAS
por Leandro Calle
Especial para HDC

Cuentan que Juan Goytisolo (Barcelona, 1931) llegó a Marrakech en Marruecos y encaminó sus pasos hacia la célebre plaza Xemáa el Fná. Quedó maravillado. Allí, el perfume de las especias, el olor de las frituras y los perfumes. Los gritos de la gente, el bullicio, el canto. Una plaza como si uno se hubiera metido en la máquina del tiempo y hubiese remontado los años hacia el Medioevo. Desde el alminar, el almuédano convoca a los fieles a la oración. Es una plegaria que se canta con las entrañas. Hay algo de quejido, de vagido místico. Los encantadores de serpientes agitan sus panderetas y los cuerpos erectos de los ofidios oscilan con la brisa de la tarde.

Es Marrakech, es la plaza Xemáa el Fná, es lo que podríamos llamar una “imago mundi”. Para nosotros los argentinos es el aleph de Borges. Todo está allí. Cuentan que Juan Goytisolo se sentó en corro junto a muchos marroquíes para escuchar a los contadores de historias, los juglares, los místicos, los rezadores de cuentos y relatos. No entendía nada porque hablaban en dialecto. Se trataba de la “Halca” de la plaza Xemáa el Fná. Más tarde el mismo Goytisolo lo explicaría en “De la Ceca a la Meca” (Santillana, 1997): “La “halca” de Xemáa el Fná, a diferencia del teatro o circo, niega toda distinción entre actores y espectadores; éstos no asisten a la representación del “halaiquí”, la viven y participan en ella. Ninguna frontera espacial separa a uno de otros ni de las “halcas” concurrentes vecinas. El pueblo entero se integra así en las manifestaciones de la comicidad popular o los ritos mágico-religiosos del sufí que profesa en la plaza pública”.  Juan Goytisolo se sentó y comenzó a escuchar. no entendía nada. El “halaiquí” hablaba “dariya”, que es el árabe dialectal marroquí. Cuentan que Goytisolo decidió quedarse a escuchar. Decidió ir a escuchar todos los días. Hasta entender. Hasta entrar en la historia.

Desde los años ´80 Goytisolo se instaló en Marrakech, o tal vez, Marrakech se le instaló a él, en la cabeza, en el corazón y en todo el cuerpo. Y no se fue más. Alterna sus días entre París y esta ciudad marroquí.

De España se fue con las disputas de la Guerra Civil. Opositor a la dictadura de Franco, se exiló en París y fue nada menos que asesor literario para la prestigiosa editorial Gallimard. Como novelista incursionó en lo que podríamos llamar el realismo social surgido a partir de la posguerra, “Juan sin tierra” (de 1975) podría ser un buen ejemplo de esto, para luego introducirse en los caminos del lenguaje y en la búsqueda a partir de otras literaturas no atadas a la raíz occidental. Juan Goytisolo es, tal vez, uno de los escritores occidentales que más se acerca a la comprensión del mundo árabe. Su acercamiento es paralelo a la anécdota de la plaza Xemáa el Fná. Goytisolo no se acerca para conquistar un mundo. Goytisolo ha logrado vencer el conquistador interior que todo español lleva dentro y ha podido entablar un diálogo entre culturas. Si todo buen escritor es antes un buen lector, también un buen lector ha sido con anterioridad un buen “escucha”. Sentarse a escuchar para aprender es la clave. También parece ser clave el hecho de soltar amarras y lanzarse a vivir en un lugar desconocido, no sólo geográficamente sino cultural y socialmente.

Las relaciones de España con Marruecos tienen su origen en la ya vieja historia de Al Ándalus. Esa historia y sus vinculaciones han continuado hasta el día de hoy. Pero, en general, las aproximaciones españolas tanto en lo político como en lo socioeconómico y cultural, han estado teñidas del viejo colonialismo europeo. Cierto manto de “protección”, cierta “sabiduría” que es necesario dar, entregar. En síntesis, una concepción asimétrica del poder y de las vinculaciones socioculturales. La mirada occidental sigue mirando occidentalmente. Le cuesta desinstalarse de su cómoda visión del mundo, occidental y cristiana. Juan Goytisolo, con espíritu más ancho, logra acercarse, aproximarse a otra mirada. Una mirada que pretende aprender antes que enseñar: “En realidad: el prodigioso lavado de cerebro a que estamos sometidos tocante al islam y los árabes no es algo nuevo: lo encontramos desde hace siglos en las obras de los cronistas, viajeros e historiadores sobre “moros”, “sarracenos” y “mahometanos”, pero las luchas anticoloniales de los años ´50, la crisis petrolera de los ´70, la desesperación creada por la tragedia del pueblo palestino y los acontecimientos de Irán le han dado una fuerza y proporciones insospechadas” (De la Ceca a la Meca, 1997).

Es innegable la larga tradición que posee España en relación con el mundo árabe. Por su historia, por los finos arabistas, por la arquitectura y todo el bagaje cultural resulta imposible desvincular estas dos culturas. La originalidad de Juan Goytisolo reside en la perspectiva. Decidió sentarse a escuchar para aprender. Por eso lo que dice y cómo lo dice resulta un aporte importante para la cultura y nuestra lengua. Un aporte real que quiebra el poder de las hegemonías culturales y traslada las raíces hacia otro lado. Esta concepción rizomática de la cultura (por citar a Deleuze) que no está erigida en el discurso solamente, sino en la propia experiencia de vida y en la propia escritura lo hacen más que merecedor del Premio Cervantes 2014.

Hora: 07:30:53
Fecha: Martes, 16 de Octubre del 2018