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Frankenstein y su noche de bodas

por Ernesto Kaplan

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Una de las particularidades más notorias de la temporada estival es que nos permite compartir gratos momentos con amigos y familiares aunque también con perfectos desconocidos. Ocurre que frente a la enorme cantidad de turistas que copa los valles de las serranías cordobesas, en ocasiones terminamos conversando, bailando y hasta tomados de la mano con personas de otras latitudes, en los siempre vigentes romances de estación. En ese sentido, cabe preguntarse si esas historias están destinadas a perdurar en el tiempo o a que se las lleve el primer viento de otoño.
En general, no existe una fórmula mágica para garantizar el éxito en las relaciones humanas. Pero de lo que sí podemos estar seguros es de que si no hay afecto, respeto por el otro y, por sobre todas las cosas, una coincidencia en los valores esenciales que nos fueron inculcando de pequeños, el final de esos vínculos resulta inevitable. Sin embargo, ese razonamiento muchas veces no se aplica en el singular mundillo de la política. Allí donde por necesidad, Frankenstein puede llevar al altar a Blancanieves ¡y sus siete enanitos! ¿Se imaginan a estos nueve personajes sacándose una “selfie” en pleno casamiento? A pesar de que esa postal parece ser digna de un film de humor negro del genial director Tim Burton, mal que nos pese, la realidad supera a la ficción. Es que en la mayoría de los casos, los resultados de semejantes experimentos no concluyen con una sonrisa del votante devenido en espectador. Recordemos la fallida experiencia de la Alianza en 2001, ese pacto personificado en Fernando de la Rúa y Carlos “Chacho” Álvarez, que sumió a los argentinos en la debacle absoluta.
Por lo tanto, la invitación que quiero hacerles en esta oportunidad es a que ejerzan el derecho que les compete como ciudadanos a permanecer alertas en vísperas de un nuevo proceso electoral en el que las fusiones de nombres y partidos se convertirán en la vedette de 2015. No vaya a ser que a la hora de concurrir a votar se sorprendan eligiendo de apuro a un candidato kafkiano, cuya metamorfosis posterior los deje… para decirlo de un modo cordial, mirando al sudeste. Sin timón ni timonel.     
En Córdoba poseemos en la actualidad un abanico de postulantes tan extenso como la incertidumbre que los envuelve en relación a su futuro inmediato. Ese panorama es que el viene disparando posicionamientos y precandidaturas que tienen como único propósito ganar consideración puertas adentro de cada fuerza. Con esto quiero remarcar que no hay que creer todo lo que vemos en los spots de campaña, a excepción de las mascotas, cuya incapacidad de especulación está debidamente probada. El problema radica en que las convicciones de algunos dirigentes se van modificando por conveniencia con el salto del calendario.
El ejemplo más elocuente es el del ahora senador nacional Luis Juez. Como se recordará, el líder del Frente Cívico rompió lanzas con el delasotismo en 2002 para mostrarse como la contracara del bipartidismo en esta provincia, lo que le permitió acceder a la Intendencia un año más tarde. Luego, intentó mutar en una especie de versión edulcorada del “Che” Guevara, tendiendo puentes con el entonces presidente Néstor Kirchner, y con importantes sectores de la izquierda y del progresismo local, en una estrategia tendiente a pegar el salto a la Gobernación en 2007. Tras la polémica derrota que sufrió a manos del peronista Juan Schiaretti, decidió replegarse para asumir al poco tiempo una banca en la cámara alta en sociedad con el socialista Hermes Binner, desde donde volvió a mostrar las inconsistencias que siempre lo caracterizaron. Por caso, llegó a levantar la mano a favor del matrimonio igualitario y, en contrapartida, a intentar boicotear la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, acusando al gobierno nacional de hacer “terrorismo de Estado” con esa norma. En el presente, procura reinventarse al erigirse en un fervoroso creyente de la doctrina macrista.  
Cada vez que este cronista observa con detenimiento a Juez compartiendo cartel con referentes del Pro y de una porción de la UCR, como la del lunes pasado en el Festival de Doma y Folclore de Jesús María, no puede dejar de pensar en la noche de bodas de Frankenstein, Blancanieves y sus siete enanitos. Me permito hacer mención a esa figura grotesca para que se comprenda con claridad y crudeza la sensación de indefensión que sufren numerosos cordobeses ante las interminables mutaciones que nos empieza a regalar el variopinto mapa electoral del presente año.

Los jinetes frentistas
Por más que algunos correligionarios se sientan incómodos al escuchar su nombre, las sugerencias dadas a conocer recientemente por el octogenario Eduardo César Angeloz no están para nada erradas. El tres veces exgobernador reiteró el pedido para que su partido defina en el corto plazo sus candidaturas a los efectos de ganar tiempo en la carrera por la sucesión. En ese plano, no descartó ningún tipo de alianza siempre y cuando existan “coincidencias programáticas”. Similar postura exhiben los diputados nacionales Oscar Aguad (UCR) y Héctor Baldassi (Pro), quienes fogonean la firma definitiva de un acuerdo de tres patas que contenga al juecismo, al menos como actor de reparto.
La intención de Angeloz y del tridente frentista opositor al justicialismo no es otra que apurar una definición del intendente Ramón Mestre, que en su regreso de las vacaciones no se salió del libreto que viene marcando desde hace algunos meses. En un acto de presentación de nuevos colectivos, el Lord Mayor señaló el lunes último que aún no decidió su horizonte electoral. Al respecto, aclaró que acatará la postura que asuma su partido, que no es otra que la que responde a sus intereses personales, ya que cuenta con mayoría automática. El propósito del titular del Palacio Seis de Julio es patear la pelota hacia el arco contrario para recién hacer un anuncio a fines de febrero.
Sin embargo, esa idea se topará con ciertos obstáculos que lo podrían obligar a adelantar una resolución. Por ejemplo, el jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri, tiene programado desembarcar en los próximos días en Córdoba para desfilar junto a sus referentes locales en centros turísticos tales como Villa Carlos Paz o Jesús María. En esas recorridas, el jefe del Pro se quiere mostrar con Baldassi, Juez y Mestre (Aguad se ausentaría por encontrarse de vacaciones). Todo parece indicar que el Intendente no accedería a coincidir en la foto con su por ahora más acérrimo rival. Esta semana envió una señal clara, al renovar su embestida contra el jefe del Frente Cívico, al que le facturó su (mala) fama de denunciador serial. ¿Habrá reconciliación?
Para concluir, les dejo una perlita imperdible consistente en la reaparición en escena del excandidato a intendente de Primero la Gente, Sebastián García Díaz. El ultra conservador propietario de la agencia de publicidad Oxford envió un comunicado a los medios de comunicación -luego de un extenso período de silencio- en el que informó que, pese a que no se encuentra participando en actividades proselitistas, alienta a sus pares a seguir “explorando alternativas para un año político clave como 2015”. “En Argentina todavía está todo por hacerse y es bueno que ninguno se deje llevar por el escepticismo reinante”, remató en el esclarecedor escrito. ¡Aquí estoy! ¡Ténganme en cuenta!, pareció decir García Díaz en su mensaje. Pues bien, no lo descartemos, que el baile recién comienza.

@ernestkaplan

Hora: 17:09:30
Fecha: Lunes, 18 de Junio del 2018