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De tetazos y vientres de alquiler: los cuerpos de las mujeres en disputa

POLÉMICAS

por Jaqueline Vassallo

Especial para HDC

Desde hace un tiempo, las feministas europeas están ocupadas en la discusión a cerca del derecho que tienen las mujeres de amamantar en público, como también la crítica a la maternidad subrogada. 
Los reclamos relacionados con el derecho a amamantar en lugares públicos comenzaron a tener lugar cuando en algunos bares, restaurantes y shoppings, las mujeres empezaron a ser “invitadas” a retirase del lugar, a cubrirse el pecho y en el mejor de los casos, les sugerían que pasaran al baño, porque los clientes se sentían molestos o incómodos al presenciar la práctica del amamantamiento. Por su parte, las defensoras de este derecho, argumentan y denuncian un acto de discriminación, tomando como fundamento el carácter “natural” e “instintivo” de la lactancia. 
 
En Inglaterra, existen “baby cafes” para que las mujeres compartan la lactancia.  En tanto que en el mes de marzo, las belgas manifestaron frente a los shoppings de Bruselas procurando una solución legal al problema. En España, existe un vacío legal y todo queda reducido al “derecho de admisión” que esgrimen los dueños de los locales de esparcimiento.  
 
Esta discusión también tuvo lugar el año pasado en Chile, cuando una mujer denunció públicamente ante los medios de comunicación que la habían echado de un restaurante, cuando comenzó a darle de mamar a su hijo, mientras esperaba que le sirvieran el almuerzo. Inmediatamente se organizó una "Tetada por la Libertad de Amamantar en Público", que convocó a gran cantidad de mujeres y bebés, pero aunque tuvo gran impacto mediático, no arrojó una solución de fondo.
 
En este punto, me parece interesante reflexionar en torno a algunas cuestiones que se disparan en estas discusiones. Vivi Bogel, especialista en estudios sobre las “maternidades”, nos dice que amamantar no es una práctica que deba seguir considerándose instintiva, porque está atravesada por la cultura de cada grupo social; tampoco es pasiva ni automática. Los pechos de las mujeres no son piezas mecánicas que rellenan de leche para cumplir una función, ellos tiene una historia, una historia hecha de miedos, de necesidades y de expectativas.
 
En los últimos años se ha incentivado – y hasta impuesto - el amamantamiento de los recién nacidos. La Organización Mundial de la Salud y UNICEF promocionan los innumerables beneficios de la lactancia materna, por lo que gran cantidad de mujeres lo hacen, algunas movidas por convencimiento y  otras, por el cumplimiento del mandato. Sin embargo a nivel social continúa pensándose como una práctica debe tener lugar en la intimidad, en el espacio privado, aquel espacio asignado tradicionalmente a las mujeres.  
 
Es decir, las mujeres son incentivadas a la lactancia -que muchas de nuestras madres por distintos motivos abandonaron en los años 60 y 70-, pero en el actual espacio público no encuentran aceptación social para hacerlo, en nombre del pudor, la molestia o el “asco” de terceras personas. 
 
Más allá de todo lo dicho y discutido, una cuestión que continúa quedando fuera de discusión, es la posibilidad de que las mujeres tengan acceso a información de calidad para poder decidir de qué forma pueden alimentar a sus bebés. De eso no se habla. 
 
Por su parte, hace pocos días filósofas y constitucionalistas españolas se manifestaron en contra de la “maternidad subrogada”, bajo al consigna “No somos vasijas”. 
Con esta campaña, procuran intentan erradicar la práctica del vientre de alquiler, denunciado la “cosificación” del cuerpo de las mujeres a través de un interesante documento difundido en cuantiosos medios de comunicación europeos, en el que se enfatiza la mirada del problema desde una  perspectiva de los derechos humanos. 
En este sentido, afirman que  la “maternidad subrogada” se inscribe en el tipo de prácticas que implican el control sexual de las mujeres; así como en las  sociedades tradicionales, los matrimonios concertados o el uso de la dote eran las  típicas formas en que se ejercía el  control sexual de las mujeres, en la actualidad, la prohibición del aborto, la regulación de la prostitución e incluso la maternidad subrogada constituyen sus nuevas expresiones. 
 
Asimismo, consideran que el vientre de una mujer no se puede catalogar como “técnica de reproducción humana asistida”, porque no son “máquinas” reproductoras que pueden “fabricar” hijos debido a que hay un interés de los “criadores”. Y añaden que cuando la maternidad subrogada “altruista” se legaliza, produce por efecto, un aumento de la maternidad comercial. Ningún tipo de regulación puede garantizar que no habrá dinero o sobornos implicados en el proceso. Ninguna legalización puede controlar la presión ejercida sobre las mujeres gestantes y la distinta relación de poder entre compradores y mujeres alquiladas.
 
Finalmente, este colectivo feminista también se pronuncia en contra de la lógica neoliberal que quiere introducir en el mercado “los vientres de alquiler”, ya que se sirve de la desigualdad estructural de las mujeres para convertir esta práctica en nicho de negocio que expone a las mujeres al tráfico reproductivo.
Una vez más, el cuerpo de las mujeres como territorio de poder, como territorio propio, como autonomía, como dominio y como liberación está en el centro de los debates. Sin olvidar, asimismo, su eterna vinculación con la “naturaleza” y los mandatos de la “naturaleza femenina”.
 
Mientras tanto, en Argentina, otros cuerpos siguen siendo castigados, sometidos a la trata, violados y asesinados en un año en el que han aumentado decididamente los femicidios y las lesiones, pero también, las denuncias y la conciencia social del problema. Basta recordar las multitudinarias marchas que tuvieron lugar en todo el país hace apenas un mes, bajo la consigna “Ni una menos”,  para tenerlo presente.
Hora: 08:00:58
Fecha: Lunes, 19 de Noviembre del 2018